
Autor: Fundación Esplai
Año: 2017.
Sabemos que es un tema viejo, pero lo formulamos en un contexto de hoy. Sabemos que la política, como ejercicio profesional, ha pasado a estar en el ranking de las valoraciones más negativas de los ciudadanos y las ciudadanas. Esto es muy grave. Sabemos que este “odio” no se produce sólo en nuestro país, sino que se extiende a otras democracias. Y, además, en el paquete que se tira a la hoguera, se incluye frecuentemente a la democracia misma. Por eso, estamos siendo testigos del fortalecimiento de movimientos antidemocráticos, ultras, “matones”, que reclaman y quieren llevar adelante cambios en profundidad en una dirección inaceptable.
En versión española, tenemos que reconocer que el sistema diseñado en el 78 vale cada vez menos, aunque pueda seguir teniendo una cierta actualidad. Ha sido muy útil, pero necesita un profundo ajuste. Ante esto, hay que devolver la credibilidad a la política y reivindicarla permanentemente para defender los derechos de la ciudadanía. Porque si nos quedamos sin ella, nos quedamos definitivamente sin ningún instrumento de defensa frente a la hegemonía del poder económico. Por lo tanto, o salvamos la política, o nos vamos al garete.

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